domingo, 7 de octubre de 2012

CARLOS OQUENDO DE AMAT






Naturaleza

El sol está mordiendo los senos voluptuosos
De la pradera verde…
Desnuda,
Oh qué sensual debe ser el Sol…
………………………………………………….
Los labios insinuantes del recuerdo
Me han besado con sabores de Ayer…
………………………………………………….
Y en la pizarra enigmática, de aquel asfalto gris
Yo… ella; éramos al crepúsculo
Como dos puntos de interrogación…
Naturaleza:
Pero si todo es verde,
Así, tan verde como los ojos de ella!...


(Bohemia Azul, Lima, año I, N. 1, 16 de setiembre de 1923)







Lluvia

Para Enrqiue Barboza, fraternalmente

La lluvia

La lluvia

Es la tarjeta de visita
de
Dios

El teléfono de alguna mamá

Y en el barro
la lluvia ha hecho dos caminos claros
Como dos bracitos ingenuos
que pidieran

ALGO

 
 (Mercurio Peruano, Lima, nov.-div. 1926, pág. 531)








Poema surrealista del elefante y del canto

Los elefantes ortopédicos al comienzo se volverán manzanas constantemente
Porque los aviadores aman las ciudades encendidas como flores
Música entretejida en los abrigos de invierno
Tu boca surtidor de ademanes ascendentes
Palmeras cálidas alrededor de tu palabra itinerario de viajes fáciles
Tómame como a las violetas abiertas al sol


  (Amauta, Lima, N° 20, enero 1929, pág. 53)










Poema de la niña y de la flor

Sostengo dulcemente tu peso como brisa sobre una flor
bajará un ángel por tu forma la mañana suena las golondrinas de los árboles
como cuando se caía la sortija de tu voz en el patio
a la orilla de tu piel hay un canto crecido
doy vuelta a mi pregunta la geografía es sentimental
inmersa en el estanque se abre tu sonrisa repetida
la Torre de Eiffel a tu lado flor geométrica para los poetas puros

 
(Amauta, Lima, N° 20, enero 1929, pág. 56)










El ángel y la rosa

                                                A José María Eguren, claro y sencillo

voz de ángel rosa recién cortada
piel de rosa un ángel mirando al mar
crece el brazo de una rosa por eso una estrella niña llora
ya encontré tu flor ayer mirabas demasiado parque
el niño cree que la cebra es un animal
la cebra es un jabón vegetal
y la rosa es un botón de nácar
o una golondrina pintada en el mar del ángel solo.

                                               (Amauta, Lima, N° 21, feb.-marz. 1929, pág. 55)










Compañera


Tus dedos sí que sabían peinarse como nadie lo hizo
mejor que los peluqueros expertos de los transatlánticos
ah y tus sonrisas maravillosas sombrillas para el calor
tú que llevas prendido un cine en la mejilla

junto a ti mi deseo es un niño de leche

cuando tú me decías
la vida es derecha como un papel de cartas

y yo regaba la rosa de tu cabellera sobre tus hombros

por eso y por la magnolia de tu canto

qué pena
la lluvia cae desigual como tu nombre


                                           (Cinco metros de poemas, 1927)





A l d e a n i t a



Aldeanita de seda
ataré mi corazón
como una cinta a tus trenzas

Por qué en una mañanita de cartón
(a este bueno aventurero de emociones)
Le diste el vaso de agua de tu cuerpo
y los dos reales de tus ojos nuevos
 

ANTONIO CISNEROS




Para hacer el amor 

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
    de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no vera el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.










Cuestión de tiempo
 
 I

Mal negocio hiciste, Almagro.
Pues a ninguna piedra
de Atacama podías pedir pan,
ni oro a sus arenas.
Y el sol con sus abrelatas,
Destapó a tus soldados
Bajo el hambre
De una nube de buitres.
            
  II


En 1964,
donde tus ojos barbudos
sólo vieron rojas tunas,
cosechan —otros buitres—
unos bosques
tan altos de metales,
que cien armadas de España
por cargarlos
hubiera naufragado bajo el sol.








Ocupado en guardar cabras

Ocupado en guardar cabras
en pagar agua y luz
perdi tu rostro
y este mio, no puedo distinguir
um álqamo temblón de uma malagua,
ni sombra cuál me da
y el dardo cuál.
Ocupado y veloz
no e tus negócios
ni en los mios, Señor,
navego hacia la mar
que es el morir.
Ocupado y veloz como algún taxi
cuando cae la lluvia
y anochece.








Los helicópteros del reino del Perú

Estoy tendido en la cama.
Entre el cielo y el mar graznan dos heliocópteros.
Parecen mil legiones de langostas
aunque son unos poços em viaje inacable.
Hace ya más de un año.
Graznan y graznan,
mensajes o silêncios que yo ignoro.
Hace ya más de un año.

Como los pájaros heridos jamás tienen reposo.
Reman en nuestros techos,
aterran a los pollos,
confunden a los conejos,
silencian a los perros.
No hay hombre o bestia que entienda sus caminos,
su viaje inacabable.

Estoy tendido en la cama.
No sufro mal alguno.
Sólo que en esta sombra ya no sé cuándo levanta el sol
ni para qué.
(Graznan y graznan.)





Soy el favorito de mis cuatro abuelos

Si estiro mi metro ochentaitantos en algún hormiguero
y dejo que los animalitos construyan una ciudad sobre mi barriga
puedo permanecer varias horas en ese estado y corretear
por el centro de los túneles y ser un buen animalito,
lo mismo ocurre si me entierro en la pepa de algún melocotón
habitado por rápidas lombrices. Pero he de sentarme a la mesa
y comer cuando el sol esté encima de todo: hablarán conmigo
mis 4 abuelos y sus 45 descendientes y mi mujer, y yo debo
olvidar que soy un buen animalito antes y después de las comidas
y siempre.











Para este aniversario de bodas

"No hace más de 15 años poca cosa era un libro
con 350 posiciones, y aunque pronto supimos
que eran sólo variantes de las 3 principales
hábiles fuimos y empeñosos en el orden del juego:
página tras página, sin saltos,
muchachos y el canto de las naves
entre todos los vientos y mareas prescritos
sin caer de la cama.
(Y sabemos que las 3 principales son variantes
de la Gran Posición
que guarda un enterrado entre la arena)".







Tranvía nocturno

    Sido como fui el fauno real de Niza, la pantera -de
    .... Argel- en el Hyde Park, gárgola alegre del
    .... valle de Huamanga,
    oh vedme convertido en el gorgojo tuerto del Danubio:
    .... pimientos y vigilias sin rumbo y sin respuesta.
    Virgen necia entre las vírgenes prudentes, un solo ojo
    .... apestado que no ve
    el cielo atrás del cielo, el triunfo de los hombres
    .... que vendrán.
    Sin lámpara de aceite que descubra las más verdes colinas
    .... en los ojos
    de un borracho fondeado en el tranvía a la hora del búho.
    Campos de ámbar y avena que no oteo, gorgojo que ahora
    .... evito:
    No hay días venideros, apenas un tranvía cargado de
    .... borrachos
    como un carbón prendido entre la niebla.









El Comunero

I

Hemos apiñado palos y piedras, encendemos
fogatas, Pues hay cosas
más duras que sequías,
peores que las hojas
hundiéndose en granizo.
Sin embargo, estas ramas peladas
no podrán devolvernos nuestra casa,
mujeres o sembríos, (partidos
en medio del combate
no sirven para nada).


II

Vienen los hijos
del diablo, sobre hinchados
caballos, con fusiles.
Y aún amontonamos ramajes de huarango
hasta espinar el aire.





 

Requiem
                               i.m. Hans Stephan

No el muro lateral ni el cielo blanco,
los gorgojos al fondo
y la ruda tan densa. No al final
de todas las visiones.
No el gajo de limón en los pantanos
el tufo del carburo.
No el fofo bamboleo del mosquito
donde empieza la selva
y la gran confusión.
Más bien el rostro amado,
esos poros
pequeños, piel de playa
y brillos de salmuera en el poniente.
Un aire muy ligero, sin frituras,
la cama bien tendida,
las rodillas holgadas,
la manta leve y fresca.
Las uñas cortas de la mano amada
sobre el lomo en pavor de los rebaños.
Kyrie eleison
Christie eleison
Kyrie eleison.
Un ciervo azul y calmo como el hielo
sea certeza de la resurrección.










Nocturno

Vivo en una casa protegido  
por mujeres pequeñas, alegres y benignas.  

Fuera de eso, el aire es áspero y azul  
(y malo para el asma).  

Un abra entre las nubes y la tráquea  
atrás del horizonte.  

Inmóvil dentro y fuera del pulmón,  
compacto y plano.  

Las hormigas pululan a la luz de la luna  
y sin destino.  

Las aguas se retiran y nos privan  
de todas las especies comestibles.  

No tardes, Nora Elvira, amada y lenta.  
Lenta mía y bucólica no tienes  

ni siquiera la excusa  
de algún verde pasado rural.








Entonces en las aguas de Conchán

(VERANO 1978)


Entonces en las aguas de Conchán ancló una gran ballena.
Era azul cuando el cielo azulaba y negra con la niebla. Y era azul.
Hay quien la vio venida desde el Norte(donde dicen que hay muchas).
Hay quien la vio venida desde el Sur(donde hiela y habitan los leones)
Otros dicen que solita brotó como los hongos o las hojas de ruda.
Quienes esto repiten son las gentes de Villa El Salvador, pobres entre
los pobres.
Creciendo todos tras las blancas colinas y en la arena: Gentes como
arenales en arenal.
(Sólo saben del mar cuando está bravo y se huele en el viento.)
El viento que revuelve el lomo azul de la ballena muerta. Islote de
aluminio bajo el sol.
La que vino del Norte y del Sur y solita brotó de las corrientes.
La gran ballena muerta.
Las autoridades temen por las aguas: La peste azul entre las playas
de Conchán.
La gran ballena muerta.
(Las autoridades protegen la salud del veraneante.)
Muy pronto la ballena ha de podrirse como un higo maduro en el verano.
La peste es, por decir,40 reses pudriéndose en el mar(o 200 ovejas o 1000 perros).
Las autoridades no saben cómo huir de tanta carne muerta.
Los veraneantes se guardan de la peste que empieza en las malaguas de
la arena mojada.
En los arenales de Villa El Salvador las gentes no reposan.
Sabido es por los pobres de los pobres que atrás de las colinas
flota una isla de carne aún sin dueño.
Y llegado el crepúsculo –no del océano sino del arenal-se afilan los mejores cuchillos de cocina y el hacha del maestro
carnicero.
Así fueron armados los pocos nadadores de Villa El Salvador.
Y a medianoche luchaban con los pozos donde espuman las olas.
La gran ballena flotaba hermosa aún entre los tumbos helados.
Hermosa todavía.


Sea su carne destinada a 10 000 bocas.
Sea techo su piel de 100 moradas.
Sea su aceite luz para las noches y todas las frituras del verano.








La araña cuelga demasiado lejos de la tierra


La ARAÑA cuelga demasiado lejos de la tierra,
tiene ocho patas peludas y rápidas como las mías
y tiene mal humor y puede ser grosera como yo
y tiene un sexo y una hembra -o macho, es difícil
saberlo en las arañas- y dos o tres amigos,
desde hace algunos años
almuerza todo lo que se enreda en su tela
y su apetito es casi como el mío, aunque yo pelo
los animales antes de morderlos y soy desordenado,
la araña cuelga demasiado lejos de la tierra
y ha de morir en su redonda casa de saliva,
y yo cuelgo demasiado lejos de la tierra
pero eso me preocupa: quisiera caminar alegremente
unos cuantos kilómetros sobre los gordos pastos
antes de que me entierren,
            y ésa será mi habilidad.


(De Canto ceremonial contra un oso hormiguero, Premio Casa de las Américas, 1968).




Un perro negro

Un perro. Un prado.
Un perro negro sobre un gran prado verde.

¿Es posible que en un país como éste aún exista un perro
  negro sobre un gran prado verde?

Un perro negro ni grande ni pequeño ni peludo ni pelado
 ni manso ni feroz.

Un perro negro común y corriente sobre un prado ordinario.
 Un perro. Un prado.

En este país un perro negro sobre un gran prado verde
 Es cosa de maravilla y de rencor.

(De Las inmensas preguntas celestes, 92)








Fin de temporada en el mediterraneo

(AQUÍ NO SE HABLA DE PESCADORES)


Ni hablar del cementerio submarino -apenas un montón de botes muertos: balandros, veleros de carrera, y yates (tipo 1, tipo 2).
Es fácil deducir cuánto-qué-cómo comen los vecinos por las latas abiertas y tiradas en el patio de atrás.
Una vela es a crédito, al contado son dos. La grasa para un año: burguesía inexperta / Enrique el Navegante: para un fin de semana.

El viento de la noche hizo saltar un yate y un balandro (bandera de Liberia) contra el bosque de pinos.
Y hoy se han dedicado a rescatarlos, a cubrirlos con toldos, amarrarlos a los postes de playa.
Y algunos renovaron los plazos del seguro -que llegado el otoño es más barato. Ahora hasta el verano
En rique el Navegante y los demás se van a controlar las pulsaciones, lazúcar en la sangre.
Dos escuadras de guerra los protegen del hielo y de los vientos.

Yo, espero que las aguas se separen y vuelvan a juntarse y todo quede limpio y azul. Como en el mapa.









Antes que el olvido nos

Lo que quiero recordar es una calle. Calle que nombro por no
nombrar el tambo de Gabriel
y el pampón de los perros y el pozo seco de Clara
Vallarino y la higuera del diablo.
Y quiero recordarla antes que se hunda en todas las memorias
así como se hundió bajo la arena del gobierno de Odría
 en el año 50.
Los viejos que jugaban dominó ya no eran ni recuerdo.
Nadie jugaba y nadie se apuraba en esa calle, ni aun los
remolinos del terral pesados como piedras.
Ya no había hacia dónde salir ni adonde entrar.
La neblina o el sol eran de arena.
Apenas los muchachos y los perros corríamos tras el camión
azul del abuelo de Celia.
El camión de agua dulce, con sus cilindros altos de Castrol.
Yo pisé entonces una botella rota. Los muchachos (tal vez) se
convirtieron en estatuas de sal.
Los perros (pobres perros) fueron muertos por el guardián de la
Urbanizadora.
Y la Urbanizadora tenía unos tractores amarillos y puso los
cordeles y nombró como calles las tierras que nosotros no
habíamos nombrado.
(También son sólo olvido.)

Lo que quiero recordar es una calle. No sé ni para qué.
 


Crónica del niño Jesús de Chilca.  México, 1982









Naturaleza muerta en Innsbrucker Strasse

Ellos son (por excelencia) treintones y con fe en el futuro.
Mucha fe.
Al menos se deduce por sus compras
(a crédito y costosas).
Casaca de gamuza (natural),
Mercedes deportivo color de oro.
Para colmo (de mis males) se les ha dado además por ser eternos.
Corren todas las mañanas (bajo los tilos)
por la pista del parque y toman cosas sanas.
Es decir, legumbres crudas y sin sal,
arroz con cascarilla, agua minerales.
Cuando han consumido todo el oxigeno del barrio
(el suyo y el mío)
pasan por mi puerta (bellos y bronceados).
Me miran (si me ven)
como a un muerto
con el último cigarro entre los labios.

Monólogo de la casta Susana y otros poemas. Lima,  1986







Tercer movimiento (affettuosso)

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las
 /aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no verá el dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.


(De Agua que no has de beber, 1971).





Café en Martirok Utja

Hay una lámpara floreada sobre el piano
y una estufa de fierro.
Bebes el vino junto a la única ventana:
un autobús azul y plata cada cinco minutos.
Pides el cenicero a la muchacha
(alta flor de los campos ven a mí).
La luz del otoño es en tu vaso
un reino de pájaros dorados.


Pero pronto anochece.
Los autobuses no son azul y plata,
el cenicero es una rata muerta,
el vaso está vacío.
La muchacha partió cuando encendieron
la lámpara floreada y tú mirabas
la lámpara floreada.


Puedes pedir otra jarra de vino,
pero esta noche
no esperes a los dioses en tu mesa.








Londres vuelto a visitar

(Arte Poética 2)

                                                                                                London’s burning

                                                                                                London’s burning

Por qué demonios tuve que volver a buscar esos muertos que ya otros habían enterrado.
8 Gloucester Road, 10 Redcliffe Gardens, Earls Court, Nevern Square, Metro de Sloane.
Coliseos después de los cristianos, cáscaras de huevo destruidas y armadas a lo largo de todo mi destierro.
“Las ciudades son las gentes que dejas”. Y qué había dejado sino cuentas del Kensington, la casa sin pagar.
Mis amigos se aburrieron de mi peña, y yo de leer versos para caer en gracia. Al fin y al cabo
las iguanas no podían echarle la pelota a sus agallas porque ya no servían, ni aullar por sus aletas llenas de uñas:
no había más remedio que saltar a la tierra (fin de la Era Terciaria).
Pero es bravo saber cómo y cuándo se pasa de ese Antes De Cristo al Después De,

si uno sale a la calle el día uno (siendo el siglo primero) y cree que es un viernes 24
(esto suena a Vallejo) y encuentra un Daily Mirror en el Metro y se entera que es jueves.
De ahí la explicación porqué Bernini perdió su clientela -próspera, al día en las noticias-
haciendo planos amplios, detallados del Gran Renacimiento cuando el mundo pasaba al corral del Barroco.
Ahora lo sabemos.
Elsham Road. Allí está la casita donde íbamos a ser / felices como chanchos.
Y el griego de la esquina que no me reconoce todavía. Cómo decirle “he vuelto después de casi un año”,

si aún no me comprende cuando pronuncio harina, lechuga, perejil (ah los griegos son duros de la oreja).
Mi primera esposa se quedaba dormida antes de los horarios convenientes, mis amigos
practicaban costumbres parecidas. Y el mundo es terminar chupando con algún sudafricano
negro, con algún sudafricano blanco ( a favor de los negros) y una reja
que en la noche rechina y te entusiasmas y entonces te imaginas a un viejo visitante:
la muchacha que juró perseguirte por las siete provincias, un dramaturgo inglés con yerba en los bolsillos. Una gorda que regresa cansada, que trepa a su covacha, eructa -no te saluda más.
Por todas esas cosas nunca vale la pena volver a las ciudades (ni habitarlas).
Y aquí, en la frontera con Italia, otra reja rechina. Es el Mistral, es la gorda extranjera que te eructa.
A veces piensas que si fuese la Muerte también te alegraría (y esto resuena a Heraud).
Y en Lima rechinaban esas rejas, y una y otra vez eran la misma, la redonda impostora, la que eructa: Ceniceros repletos,
el humo como un choro entre su concha (bajo el viejo silencio del primer cigarrillo), y en la calle
te es la misma vaina treparte al colectivo que va al Norte, treparte al colectivo que va al Sur
(“un laurel viejo de las manos del propio Virgilio y de manos de Erasmo una medalla rota”).
Me parece mentira que no aprendas.
Ya van a repetir -si lo repiten- que rampas entre tonos y entre temas de algún Romanticismo.
Sea el Arte Poética …. El libro de mis libros se acabó.

Por la noche los gatos, México, 1989






Arte poética I, 1972

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa1.-
Un chancho hincha sus pulmones bajo un gran limonero
mete su trompa entre la Realidad
se come una bola de Caca
.................................eructa
.....................................pluajj
......................................un premio


aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa2.-
Un chancho hincha sus pulmones bajo un gran limonero
mete su trompa entre la Realidad
que es cambiante
se come una bola de Caca
dialécticamente es una Caca Nueva
.......... eructa
otra instrumentación
..............................pluajj
..................................otro premio


Un chancho etc




Paracas

Desde temprano
crece el agua entre la roja espalda
de unas conchas
y gaviotas de quebradizos dedos
mastican el muymuy de la marea
hasta quedar hinchados como botes
tendidos junto al sol.
Solo trapos
y cráneos de los muertos nos anuncian
que bajo estas arenas
sembraron en manadas a nuestros padres.

Comentarios Reales. Lima, 1964





Contra la flor de la canela

Para hacer el amor

debe evitarse un sol fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco la sombra es buena si el lomo
del amante se achicharra para hacer el amor.
 
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos

pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso
ni cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.

El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo
como un lecho y entonces
la muchacha no verá el dedo de Dios.

Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.


 (De Agua que no has de beber, 1971).





Los Conquistadores Muertos
 
I
Por el agua aparecieron
los hombres de carne azul,que arrastraban su barba
y no dormían
para robarse el pellejo. Negociantes de cruces
y aguardiente,
comenzaron las ciudades
con un templo.

 
II
Durante ese verano de 1526
derrumbose la lluvia
sobre sus diarios trajines y cabezas,
cuando ninguno había remendado
las viejas armaduras olvidadas.
crecieron también negras higueras
entre bancas y altares,
en los tejados
unos gorriones le cerraban el pico a las campanas.
Después en el Perú nadie fue dueño
de mover sus zapatos sin pisar a los muertos,
sin acostarse junto a las blancas sillas o pantanos
sin compartir el lecho con algunos
parientes cancerosos.

cagados por arañas y alacranes,
pocos sobrevivieron a sus caballos.


                                                   Comentarios Reales





Hospital de Broussailles en Cannes

Casi no hay diferencia entre el Palacio de los Deportes y este Hospital
Para los 2 sopla el viento y brilla el sol y los turistas no chillan en ninguna de sus puertas
(Allá tienen el Fuerte Fenicio reconstruido por Trajano
                                      reconstruido por el Duque de Savoya
                                      reconstruido por Grimaldi
..................................... reconstruio por De Gaulle)
El Hospital y el Palacio son blancos
El Hospital y el Palacio 1 son franceses
.................................. 2 son de cemento
Son el Titanic y el Ile de France encallados a unos cuantos kilómetros del agua
Son el Plan Marshall
El Palacio está lleno de jóvenes que practican deportes
En el Hospital estoy yo y me han sacado
                                      / 4 tubos de sangre
                                      6 botellas de orines
                                      una radiografía
                                      2 encefalogramas
                                      un electrocardiograma
Mientras el sol calienta y se organiza el Festival de Cine
a mí me duelen los huevos la memoria las últimas costillas voladoras.








 
En la universidad de Niza

He abierto el Diario de Colón en la página 27 (Cultura Hispánica,
/1968).
Treinta y seis muchachos -entre los 20 y 23 años- han abierto el
/Diario
De Colón en la página 27.
"Y como siempre trabajase por saber dónde se cogía
el oro." (Cierro el libro/ cierran los libros.)
El Almirante ha quedado como un chancho y el público se indigna.

Para la próxima clase: página 46 (op.cit.).

( De Como higuera en un campo de golf,1972).








La caza de los lobos de mar (Cerámica Mochica)


A simple vista uno diría que
esos guerreros de la cultura Moche
(500 D.C en la costa norte del Perú)
ataviados con sus cascos de plumas apalean
a los lobos de mar por el ritual
de un malsano deporte o simplemente
para timar la piel , algo de carne
y los tejidos grasos. Sin embargo
si uno observa con calma
la boca abierta de los lobos mayores
pueden verse unas cuentas brillantes
como pepas de oro o de carbón
que desbordan los límites del vaso
y flotan sobre el mar. No sobre el mar
representado por la cultura Moche
hace más de 1000 años, sino el inasible
origen de la vida, agitado y azul
como el apareamiento de los lobos adultos
en los islotes de la corriente fría.


 
 
 

Canción de obrales, bajo el virrey Toledo


De la barriga de mi madre
caí entre duras tunas,
y destas espinas, me tiraron
junto a un lecho de huesos.
Así moliendo metales,
engordaron mis piojos.
Así, moliendo y masticando
los metales,
cada noche recostaba
las costras de mi cuerpo
sobre arañas.
Así, cansado de pelear
mi comida con las ratas,
dejéme amontonar
entre los muertos.







Un puerto en el pacífico


Aquí es donde ella deja la habitación
con esa pintura de unos niños genoveses
perdidos en el bosque.
No hay fuego en el fogón
porque hace más calor que de costumbre.
Y aunque es de noche
la ventana que da al patio se halla abierta
casi de par en par
sobre un paisaje del siglo XIX.
Ese traje de seda verde
es el mismo del verano pasado
pero la enagua es nueva
o por lo menos está recién lavada.
Ella mira hacia el fondo del espejo
como quien busca un amante
oculto en la arboleda.
Se coloca el sombrero de paja
y apaga la lámpara de gas.
Aquí es donde cierra la puerta
como doble vuelta de llave
y baja las escaleras
como un gato siamés.
En la calle hay un resplandor
de bronce viejo.
Aquí es donde aparece un coche de alquiler
con dos caballos amarillos.
Pero también pueden aparecer
las barcazas que llevan los costales de carbón
hasta el atracadero de La Punta.
Las casas del malecón
tienen las luces encendidas
y un macizo de petunias en la entrada.
El coche de alquiler se detiene
con sus dos caballos amarillos
en la noche calurosa de verano.
Aunque no tan calurosa
como las noches del verano anterior.
Aquí ella se recuerda desnuda y triste
en la noche de Paita.
Aquí aparece Paita a medianoche.
Los caballos están cansados.
Abrevan a la sombra de esa tienda
donde venden tabaco
y tiene la cabeza de un león
pintada en la vidriera.
Una sombra desciende del coche.
Ella la sigue,
con su vestido verde y su enagua
recién lavada.
Aquí aparece otra vez
ese resplandor de bronce viejo.
Hay un barco amarrado en el muelle,
lleva un nombre en italiano
y una bandera azul.
Está algo inclinado a estribor,
de modo que la corriente lo bambolea
cada seis horas.
Aquí los amantes pueden subir al barco,
acomodarse en el camarote más fresco
y beber un gran vaso de ginebra
antes de apagar la linterna
y hacer el amor.
O pueden también
permanecer en el muelle contemplando
cómo esa niebla tan caliente
ocupa todo el espacio
y los envuelve
igual que la saliva al gusano de seda.
Aquí ella regresa a la habitación
donde está el cuadro de los niños perdidos
y se recuesta en un diván
pegado a la ventana.
Desde ahí puede ver
el gran barco italiano iluminado
por una luna roja.
Aquí aparece su rostro en la ventana
y el barco reclinándose a estribor.
Entonces cepilla sus cabellos
y recoge su falda arriba de los muslos
poco antes de morir.






Cuatro boleros marqueteros


1.-

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa mas aburrida del suburbio
no habrian primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieran
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.

2.-

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.

3.-

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.

4.-

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.








Marina

Un guardacaballo gigantesco se posa sobre el techo de mi casa.
Sombra contra la luz y los cangrejos calientes del cantil.
La frontera.


Más allá sólo existen la China y el Japón (suelo decir) aunque en
verdad primero están los montes de coral. Y antes todavía


una recua de islas verdinegras tan viejas y anodinas como esta
misma orilla. Finisterre.


Las lizas argentadas y las lornas remontan las corrientes del
desagüe. Y los pubis son agrios bajo el peso de las moscas
zumbonas.


Banda del mar Pacífico que ninguno codicia. Una casa rosada, sus
florones de yeso y un reloj.


Aquí estoy. En el límite exacto de la tierra. Las ratas del cantil
y estas acacias abiertas por la sal.


Los cirros y los cúmulos rellenos vienen de Pacasmayo y se
detienen en el aire del sur.


Vuela el guardacaballo sobre las olas. Se disuelve el paisaje y los
navíos evitan esta costa imaginaria.


Nada resta. Ni siquiera la tristeza de habitar en una piedra pómez
infinita, pastada por ovejas moribundas bajo el último sol.









Después de corregir las pruebas de Amaru en la imprenta, 1967

                                          

Anochece sobre la línea del tranvía.
Los avisos luminosos de Limatambo
son más lejanos aún que las estrellas.
No hay estrellas.
La fatiga es más larga que este día.
Antes de despedirnos
me invita a su casa.
Bebemos un vaso luminoso
como el último refugio en la tormenta.
No habla. Yo no nombro
tanta bondad, tanta sabiduría.
Y anochece.









Por la noche los gatos o mis ocho becino pensionados de guerra

(CAGNES-SUR-MER)

Todos los gatos de la región son un ruido en el techo,
igual que el de los reos fondeados entre bolsas en un hueco del río
-ritos de amor, ritos de combate-
hasta que se descuelgan ya muertos o cansados para asediar mi casa,
se revuelven
como tribus de arañas en el fondo del agua, me reclaman
un lugar en el lecho y de comer según los usos del último tratado
-alianza concertada con el viejo que dio nombre a los gatos,
sembró las margaritas, los geranios
(donde orino cuando estoy apurado),
comió sobre esta mesa,
durmió sobre esta cama,
murió sobre esta cama
como un sapo.
Las moscas de mi mesa son las mismas que engordan en la mesa
de mis 8 vecinos pensionados de guerra,
son de vuelo pesado y paso torpe, mansas para la muerte, son el día.
Por la noche los gatos.
                                         Allá vuelven.
Cierro la puerta con 2 vueltas de llave, toco madera.











En el 62 las aves marinas hambrientas llegaron hasta el centro de Lima


Toda la noche han viajado los pájaros desde la costa —he aquí
    la migración de primavera:
las tribus y sus carros de combate sobre el pasto, los templos,
    los techos de los autos.
Nadie los vio llegar a las murallas, nadie a las puertas
—ciudadanos de sueño más pesado que jóvenes esposos—
y ninguno asomó a la ventana, y aquellos que asomaron
sólo vieron un cielo azul-marino sin grieta o hendidura entre su
    lomo
—antes fue que el lechero o el borracho final— y sin embargo
el aire era una torre de picos y pellejos enredados,
como cuando dormí cerca del mar en la Semana Santa
y el aire entre mi lecho y esas aguas fue un viejo gallinazo de
las rocas holgándose en algún patillo muerto
—y las gaviotas-hembra mordisqueando a las gaviotas-macho y
un cormorán peludo rompiéndose en los muros de la casa.

Toda la noche viajaron desde el Sur.
Puedo ver a mi esposa con el rostro muy limpio y ordenado
   mientras sueña
con manadas de morsas picoteadas y abiertas en sus flancos por
los pájaros.










Dos sobre mi matrimonio uno


1
"Una vez que la fragata fue amarrada en el muelle,
Ursula bajó a tierra y la siguieron
más de 11000 muchachas que tampoco conocían varón".
Y me topé contigo, Recién Desembarcada.

2

Yo construí un hogar sobre la piedra más alta de Ayacucho, la más dura de todas,
guardado por el puma y el halcón y bajo techo / una fogata redonda y amarilla.
Pero poco quedaba por ganar: apenas fue el final de esa alegría guardada y desgastada entre los años -hace siete veranos por ejemplo,
gloriosos y enredados junto a las grandes olas y lejos de los ojos de su tribu.
Pero cualquier chillido -un pelícano herido, una gaviota- podían devolverte el viejo miedo,
y entonces / volvías a cruzar los muros de tu tribu por la puerta mayor
-el pelo y las orejas / eran toda la arena de la playa.
Y es el miedo que nunca te dejó, como la ropa interior o los modales.
Que fue eso de casarse en una iglesia "barroco colonial del XVII en Magdalena Vieja"
-pero la arquitectura no nos salva.
Verdad que así tuvimos un par de licuadoras, un loro disecado, 4 urnas, artefactos para 18 oficios, 6 vasijas en cristal de Bohemia y 8 juegos de té con escenas del amor pastoril (que los cambiaste por una secadora de pelo y otras cosas que nadie te había regalado).
Así, muchacha bella, cruzaste el alto umbral (bajo el puma de piedra,el halcón de piedra,
la fogata que da luz a los dos lados del valle de Huamanga -banderas que a la larga también se hicieron mierda).
Ahora ni me acuerdo de las cosas que hablabas -si es que hablabas,
de las cosas que te hacían reír -si es que reías,
y no puedo siquiera ni elogiar tu cocina.
Fuiste un fuerte construido por el miedo (imagen medieval) que no supe trepar o que no pude.
Ahora ni me acuerdo si es que fuiste un fuerte construido por el miedo (imagen medieval),
ni si supe trepar ni si no pude.

Escribir este poema me concede derecho a la versión.









Entre los cangrejos muertos ha muchos días

Mi cama tiene 5 kilometros de ancho -o de largo- y de largo
-o de ancho, depende si me tumbo con los pies hacia las colinas o hacia el mar- unos 14.
Iba a seguir "ahora estoy desnudo" y no es verdad,
llevo un traje de baño, de los viejos, con la hebilla oxidada.
Y cuando el lomo de la arena se enfría bajo el mío
ruedo hacia el costado
donde la arena es blanda y caliente todavía, y otra vez
sobre mi largo pellejo rueda el sol.








Poema sobre Jonás y los desalienados

Si los hombres viven en la barriga de una ballena
sólo pueden sentir frío y hablar
de las manadas periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y de manadas
periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo
tratarán de construir un periscopio para saber
cómo se desordenan las islas y el mar
y las demás ballenas -si es que existe todo eso.
Y el aparato ha de fabricarse con las cosas
que tenemos a la mano y entonces se producen
las molestias, por ejemplo
si a nuestra casa le arrancamos una costilla
perderemos para siempre su amistad
y si el hígado o las barbas es capaz de matarnos.
Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna ballena
con mi mujer y Diego y todos mis abuelos. 







Apendice del poema sobre Jonás y los desalienados

                                                                                Para Ricardo Luna

Y hallándome en días tan difíciles decidí alimentar
a la ballena que entonces me albergaba:
Tuve jornadas que excedían en mucho a las 12 horas
y mis sueños fueron oficios rigurosos, mi fatiga
engordaba como el vientre de la ballena:
qué trabajo dar caza a los animales más robustos,
desplumarlos de todas sus escamas y una vez abiertos
arrancarles la hiel y el espinazo,
                            y mi casa engordaba.


(Fue la última vez que estuve duro: insulté a la ballena,
recogí mis escasas pertenencias para buscar
alguna habitación en otras aguas, y ya me aprestaba
a construir un periscopio
cuando en el techo vi hincharse como 2 soles sus pulmones
-iguales a los muertos
pero estirados sobre el horizonte-, sus omóplatos
remaban contra todos los vientos,
                                   y yo solo,


con mi camisa azul marino en una gran pradera
donde podían abalearme desde cualquier ventana: yo el conejo,
y los perros veloces atrás, y ningún agujero.)


Y hallándome en días tan difíciles
me acomodé entre las zonas más blandas y apestosas de la
ballena.